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Cuánto cobrar como diseñador gráfico freelance
Acabas de colgar una videollamada con un posible cliente. Te ha caído bien, el proyecto te apetece y, justo al final, llega la pregunta: "¿Y cuánto sería?". Le dices que se lo mandas por correo. Y te pasas la tarde buscando en Google cuánto cobra un diseñador gráfico freelance, comparando tablas con cifras que no se parecen entre sí.
Me ha pasado. Y lo que aprendí es que esas tablas no pueden decirte cuánto cobrar tú, porque no saben lo que te cuesta trabajar, cuántas horas tienes de verdad ni qué experiencia hay detrás. Aquí no vas a encontrar cifras. Vas a encontrar cómo calculo yo mi tarifa, para que puedas calcular la tuya.
Por qué no hay una cifra que valga para todos
Dos diseñadores pueden hacer un trabajo parecido y necesitar cobrar cosas muy distintas. Uno vive en una ciudad cara y el otro no. Uno lleva diez años con clientes grandes y el otro acaba de empezar. Uno trabaja para marcas que usarán su diseño en varios países y el otro para el negocio de su barrio.
Cuando copias el precio de otra persona, estás cobrando según su vida, no según la tuya. Por eso el punto de partida no es el mercado, sino tú.
Cómo calcular tu tarifa como diseñador gráfico freelance
Lo que necesitas ganar
Empieza por lo que necesitas cada mes para vivir y para que tu estudio funcione. No solo el alquiler y la comida: también la cuota de autónomo, el software, el equipo que tendrás que renovar, la gestoría, la formación. Y algo que casi nadie cuenta al principio: las vacaciones y los días en que estés enferma o enfermo. Nadie te los va a pagar, así que tienen que salir de tu tarifa.
Las horas que de verdad puedes cobrar
Aquí está el error más común. No todas las horas que trabajas se pueden facturar. Responder correos, preparar presupuestos, hacer facturas, mover tus redes, buscar clientes o aprender una herramienta nueva también es trabajo, y ocupa una buena parte de la semana.
Si divides lo que necesitas ganar entre las horas que de verdad puedes cobrar, obtienes tu coste por hora. Ojo: eso no es tu precio, es tu suelo. Por debajo de esa cifra, estás perdiendo dinero aunque no lo notes.
El margen
Encima de ese suelo va el margen. Es lo que te permite invertir en tu estudio, tener colchón para los meses más tranquilos y, sobre todo, darle a cada proyecto el tiempo que merece sin ir siempre a contrarreloj.
Cobrar por horas o por proyecto
Cobrar por horas tiene sentido en trabajos abiertos, de mantenimiento o en cambios que se salen de lo acordado. Pero para la mayoría de proyectos, yo cobro por proyecto, con un alcance cerrado.
Cobrando por proyecto, el cliente sabe desde el principio qué va a invertir y qué va a recibir, y a ti no se te penaliza por ser eficiente. Tu coste por hora sigue siendo útil, pero para estimar internamente cuánto tiempo te llevará el proyecto, no para enseñárselo al cliente.
De qué depende tu tarifa en cada proyecto
Una vez tienes tu base, cada proyecto tiene sus propias variables. Estas son las que más la hacen variar, hacia arriba o hacia abajo:
La experiencia y la especialización. No solo se nota en el resultado, también en el proceso: decides antes, propones mejor y necesitas menos rondas.
El valor para el cliente. Una identidad para un pequeño negocio local y otra para una empresa que la va a usar en varios países no tienen el mismo peso, aunque el trabajo de diseño se parezca.
El uso, los derechos y la exclusividad. Dónde se va a usar tu trabajo, durante cuánto tiempo y si puedes enseñarlo o no.
Los plazos. Un calendario muy ajustado te obliga a reorganizar todo lo demás, y eso tiene un precio.
Las entregas. Las rondas de cambios incluidas, los archivos editables o las versiones para cada formato.
Si trabajas en motion o te interesa ver cómo se aplican estas variables en un proyecto concreto, lo explico con más detalle en cómo se calcula el precio de un vídeo de motion graphics.
Cómo decir tu precio sin que te tiemble la voz
Cuando sabes de dónde sale tu número, decirlo cuesta mucho menos. Aun así, ayuda mandarlo en una propuesta clara: qué fases incluye, qué entregas, cuántas rondas de cambios, en qué plazos y cómo se paga. Cuanto más claro está todo, menos tienes que justificarte.
Si el cliente te dice que se le va de presupuesto, no bajes el precio sin más. Ajusta el alcance: menos piezas, menos rondas, otro calendario. Así el número sigue teniendo sentido. Y a veces la respuesta es que ese proyecto no es para ti, y también está bien.
Antes de empezar, que todo quede por escrito. Yo lo hago con un contrato sencillo, y si no quieres redactarlo desde cero, tienes mi plantilla de contrato para creativos freelance, lista para editar. Te cuento qué cláusulas no pueden faltar en el artículo sobre el contrato para diseñador freelance.
Revisa tu tarifa cada año
Tus costes suben, tu experiencia crece y tu trabajo mejora. Si tu tarifa no se mueve, en realidad está bajando. Revísala una vez al año, empieza aplicando la nueva a los clientes nuevos y avisa con tiempo a los que ya tienes. La mayoría lo entiende mejor de lo que imaginas.
Cobrar bien no va de atreverse un día y lanzar una cifra alta. Va de entender qué hay detrás de tu número. Cuando lo tienes claro, deja de ser algo que te inventas y pasa a ser tu trabajo, explicado.



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