Cuánto cuesta un vídeo de motion graphics: cómo se calcula el precio

Cuánto cuesta un vídeo de motion graphics es la primera pregunta que te hace casi cualquier cliente, y una de las más difíciles de responder cuando empiezas. La respuesta rara vez cabe en una cifra. Dos vídeos de un minuto pueden parecerse en duración y no tener nada que ver en todo lo demás: en lo que cuentan, en cómo se construyen y en el lugar que van a ocupar dentro de una marca.

Más que hablar de números, queremos contarte cómo se construye un presupuesto, para que cuando te toque preparar el tuyo sepas qué tener en cuenta y cómo explicarlo.

Un presupuesto empieza por entender el proyecto

Antes de hablar de precio hablamos de intención: qué necesita contar la marca, a quién y en qué contexto se va a ver el vídeo. Una pieza que abre un evento tiene poco que ver con una que acompaña una campaña en redes, y un lanzamiento de producto pide algo muy distinto a la comunicación interna.

Esa primera conversación define casi todo lo demás: el estilo, la duración, las fases que hará falta recorrer y el nivel de detalle de cada escena.

Lo que hay detrás de cada cifra

En motion graphics lo habitual es presupuestar por proyecto, con un alcance cerrado. Da tranquilidad a las dos partes: el cliente sabe desde el principio qué va a recibir y cuál será la inversión, y tú sabes qué entra en el proyecto y qué no.

Para llegar a ese precio hace falta un cálculo de tiempo. Un vídeo pasa por varias fases, del concepto y los style frames al storyboard, la animación y el sonido, y cada una tiene su dedicación. A eso se suman los costes que no se ven, como el software, las licencias o la gestión del proyecto, y el margen que te permite darle a cada pieza el tiempo que merece.

Qué hace que dos vídeos cuesten distinto

El estilo y la complejidad

Animar tipografía y formas no requiere lo mismo que construir escenas ilustradas, personajes o interfaces de producto. Cuanto más elaborado es el lenguaje visual, más tiempo y más perfiles intervienen. Ocurre igual cuando la animación se combina con grabación o 3D.

El material de partida

Un guion cerrado, un manual de marca claro y recursos ya preparados hacen el camino más directo. Cuando parte de esa base hay que construirla, el proyecto crece con ella.

Los plazos

Cada fase necesita su tiempo para hacerse bien. Un calendario muy ajustado obliga a reorganizar el trabajo o a sumar manos, y eso se refleja en el presupuesto.

El uso y los derechos

Un vídeo pensado para uso interno y una pieza que va a recorrer varios países y medios tienen un valor distinto. El alcance de los derechos, su duración y la exclusividad forman parte del proyecto, igual que la entrega de archivos editables o de versiones adaptadas a cada canal.

La experiencia de quien lo hace

La experiencia se nota en el resultado, pero sobre todo en el proceso: decisiones más claras, menos rondas de cambios y un criterio que va más allá de ejecutar. Por eso los precios varían tanto entre un freelance que empieza, un estudio especializado o una gran productora. A medida que ganas experiencia, tu precio también debería reflejarlo.

Qué dejar claro en tu propuesta

Cuando prepares la tuya, piensa menos en el número y más en todo lo que lo rodea: qué fases incluye, cuántas rondas de cambios, quién se ocupa del guion y de la voz y en qué formatos se entrega el vídeo. Cuanto más claro quede por escrito, más fácil es que el cliente entienda el valor de tu trabajo y menos malentendidos habrá por el camino.

Cómo lo hacemos nosotros

Cada proyecto lo presupuestamos a medida, después de una primera conversación en la que entendemos todos los detalles del proyecto. A partir de ahí preparamos una propuesta cerrada, con las fases y las entregas bien definidas, para que no haya sorpresas por el camino.

Si quieres ver cómo se traduce todo esto en proyectos reales, puedes echar un vistazo a nuestro portfolio.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *